jueves, 17 de diciembre de 2009

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

Desde que estaba estudiando la secundaria anduve cambiando de profesión; ahora quería ser doctora; luego arquitecta; después contadora; llegué a la ingeniería civil; así pasé por muchas opciones; estaba completamente convencida de que lo último que haría sería ser maestra, y qué creen? Es lo último que hago; soy maestral.
Dividida entre dos amores: los números y las letras sufrí seriamente para decidir carrera. Opté por la Lic. En Letras Españolas y la disfruté con todo durante el periodo estudiantil y aún sigo enamorada, pero como siempre nos aferramos a los amores perdidos, extraño la posibilidad de una ingeniería, no importa en qué, sólo que tenga números.
Cuando estaba estudiando la carrera, trabajé un año en un jardín de niños porque una querida amiga quería un permiso para visitar a su esposo que trabajaba de manera ilegal en nuestro vecino distante, EUA, y sólo le concederían el permiso si ella conseguía quién la supliera; después de una dolorosa súplica, me convenció, tal vez chantajeó sentimentalmente, el caso es que acepté. Al estar allá ella decidió quedarse y no volver a su trabajo. Ante esta situación me ofrecieron la base en un kínder estatal; me espanté y dije: no, gracias.
Después, a la hora de hacer el servicio social, me mandaron a un CBTIS con una clase a mi cargo y poco a poco me fui enamorando de mi trabajo diario y de la maravilla de verlos cómo pensaban, cómo se expresaban, cómo aprendían.
Después conseguí un trabajo en una empresa de capacitación para adultos y me gustó mucho; lo triste era que yo daba la clase y una institución diferente los evaluaba y eso me molestaba porque creo que el proceso de evaluación es parte integral del proceso educativo y debe darse de manera interna y no externa; así decidí buscar trabajo en una escuela donde yo pudiera hacer todo.
Mis sentimientos respecto a mi profesión como maestro son muy profundos y serios; son parte importante de lo que soy como persona; me determinan y me obligan a asumir el compromiso social inherente a mi función social y mí como un modelo de comportamiento. Cada día me brinda la oportunidad de aprender algo nuevo, resultado de la interacción en el salón de clase.
Pocas profesiones son tan enriquecedoras como la nuestra. Sobre todo cuando trabajas en Educación Media Superior y tienes la posibilidad de conocer tantos adolescentes inquietos e inteligentes que te ponen todos los días frente al espejo para ver si vas bien o tienes que desandar los caminos. Es maravilloso cuando alguno de ellos ama tu carrera porque tú fuiste capaz de transmitir el amor que sientes por tu formación y el trabajo que cumples cada día.
Los motivos de satisfacción son muy variados; desde la sonrisa de los jóvenes al saludarte; la conversación ocasional; la relación con los compañeros de trabajo; la posibilidad de contar con un ingreso seguro; tener servicio médico, etc. Todo depende de la concepción que cada quien posea del éxito, pero yo me considero una persona exitosa porque puedo hacer lo que me gusta y además me pagan por ello.
Todas las monedas tienen dos caras y nada es perfecto, los motivos de insatisfacción que tengo son los relativos a los aspectos problemáticos de nuestra práctica como producto de una estructura ideológica que sostiene y legitima el estado de una sociedad y la cantidad de alumnos por grupo porque me dificulta alcanzar la profundidad que me gustaría en el logro de mis objetivos; no obstante, no me mortifico en gran medida y hago mi trabajo.

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